El rincón de Koreander

“Ante él tenía una habitación larga y estrecha, que se perdía al fondo en penumbra. En las paredes había estantes que llegaban hasta el techo, abarrotados de libros de todo tipo y tamaño”. La historia interminable, Michael Ende – BLOG DE LITERATURA FANTÁSTICA –

DOSSIER: ‘ZONA UNO’ de Colson Whitehead (Parte 1)

Todo terminó rápidamente tres días después. Mark Spitz podría haberse mantenido alerta durante mucho más tiempo, pero sus compañeros estaban hechos de aleaciones menos resistentes. Estaba convencido de que Jerry sería el primero en resquebrajarse. Spitz era de Long Island y seguía desconfiando de todo lo rural como el chiquillo urbano que había sido, y allí había un hombre que cazaba, destripaba y se vestía con las pieles de animales de caza mayor. Había encasillado a Jerry como el cowboy de derechas que iba a enseñarle a esas alimañas quién era el jefe, a destrozar a tiros una de las ventanas delanteras y a empezar a mandar a aquellos cretinos con su Dios. A dispararle a la inquieta horda hasta que uno de los monstruos lograra agarrar el cañón de su arma, arrebatársela de las manos, y el resto comenzara a arrancar todos los tablones. Siempre sucedía de prisa. Una parte de la barricada cedía, y entonces era como si el refugio lanzara un suspiro y todo se desintegrara a la vez. El hechizo protector empezaba a petardear, escupiendo un jugo sobrenatural, y la poderosa fortaleza volvía a ser de paja. Bastaba un fallo en el sistema, un error de programación anidado en el código para iniciar el desplome en cascada”.

Ha vuelto a ocurrir. Un grandísimo libro corre el riesgo de pasar desapercibido en nuestro país por un mal resumen de su argumento, por una faja publicitaria, o incluso por aparecer publicado en una colección que habitualmente no edita literatura de fantástica. Por un motivo o por otro, tengo la sensación de que todavía no se ha hecho justicia con ‘Zona uno’, la novela de Colson Whitehead (Nueva York, 1969) que la editorial Planeta publicó el pasado mes. El problema son las etiquetas. Ni siquiera importa que el autor haya sido comparado con Comarc McCarthy, T.S. Elliot o incluso Scott Fitzgerald. Los lectores que no son de género prácticamente apartan la vista cuando ven escrito sobre el libro la palabra ‘zombi’, mientras que para los habituales de la literatura fantástica es fácil que el título se pierda entre la marea de novedades postvacacional simplemente por el hecho de venir firmado por un autor para ellos desconocido (aunque Whitehead es un asiduo del The New Yotk Times, Granta, Harper’s y The New Yorker, ganador de varios premios prestigiosos y autor de la ya traducida en nuestro país ‘La intuicionista’ –crítica en letras libres-).

En el caso de ‘Zona Uno’ la maldición es doble, ya que este es un libro válido para ambos tipos de lectores: los fantásticos amantes de una buena trama y aquellos que ante todo buscan la Literatura con ‘L’ mayúscula. Complacerá a quienes buscan una lectura de evasión, pero también a aquellos que quieren estremecerse por dentro o releer una frase una y otra vez solo por la crudeza y la belleza que hay en el horror descrito. Al fin y al cabo afirmar que ‘Zona uno’ es una novela de zombis es lo mismo que comparar el libro de ‘La carretera’ con una ‘road movie’ cualquiera.

Zona uno’ no es tanto la historia de un apocalipsis zombi, como una obra sobre las personas que sufren esa plaga. Colson Whitehead habla de la enfermedad y de los muertos vivientes, habla de cómo empezó todo –la llamada Última Noche-, habla del contagio y de las huidas de las grandes ciudades… pero solo para crear el escenario de una historia que trasciende a todos estos hechos. De alguna manera, lo que consigue es dibujar el ‘postapocalipsis’ para crear en él una realidad cotidiana, como si nos recordara que el horror ocurre, pero que es fácil acostumbrarse a él. Que nadie se equivoque, esto es solo una estrategia. Cuando ya nos hemos acostumbrado, cuando aceptamos que todo se puede superar, entonces es cuando Colson contrataca.

La historia se centra en Mark Spitz, aunque ése no es más que un mote que adopta el protagonista –en realidad es el nombre de un mítico nadador olímpico-, ya que al igual que sucede en ‘La carretera’, los supervivientes de la novela de Colson Whitehead no necesitan tener un nombre. Ellos representan a gente corriente que vive situaciones extraordinarias, en contraposición a las novelas de gente extraordinaria que vive situaciones corrientes. De hecho Mark, desde su época escolar, siempre ha destacado por su mediocridad, una mediocridad en la que se siente cómodo pero que también le dota de instrumentos para escapar y sobrevivir a la plaga.

Publicado el pasado mes por Planeta, la edición es irreprochable. Letra cómoda, papel de calidad y la portada fiel a la original. Han cuidado los detalles.

El protagonista trabaja como Limpiador en la ciudad de Nueva York. Forma parte de una unidad de voluntarios dedicada a localizar a los muertos vivientes que aún sobreviven en el interior de viviendas, tiendas, oficinas o garajes para ‘retirarlos’ y despejar la ciudad con la vista puesta en una posible ocupación. Todo forma parte de un objetivo mucho mayor, el llamado ‘Fenix Americano’ que renace de sus cenizas.

Precisamente las cenizas son uno de los elementos más presentes en el libro, desde la propia portada –que respeta la imagen de la edición original-, hasta en el trasfondo de la novela. Una vez más las cenizas convierten al mundo en un lugar gris, al igual que sucedía en ‘La carretera’ de McCarthy, aunque en este caso su origen no hay que buscarlo en un planeta que agoniza. Es la humanidad la que vive sus últimos estertores de muerte, y las cenizas no son sino el resultado de la continua cremación de cadáveres en la lucha que los supervivientes mantienen por convertir el centro de Nueva York en una ciudad de nuevo habitable.

La comparación con ‘La carretera’ es inevitable por muchos motivos. El tono, el lirismo, la tridimensionalidad que reflejan todos y cada uno de los personajes, y la sombra del suicidio que planea en ambos libros: en ‘Zona Uno’ Colson llama a esa idea “el pensamiento prohibido”. Sin embargo también hay diferencias de base entre una y otra novelas. Mientras que la novela de McCarthy nos habla de la esperanza en un contexto de pesimismo y derrota, al fin y al cabo mientras ‘el chico/el muchacho’ siga vivo hay esperanza, en ‘Zona Uno’ vivimos el lado contrario, y pese a que parece que el apocalipsis ya ha sido vencido y la humanidad está salvada, en el fondo todos los supervivientes son solo víctimas que han perdido cualquier ilusión por un mundo mejor.

Sin duda esa es solo una de las múltiples lecturas que puede ofrecer la novela, en la que por otro lado los paralelismos con los sucesos del 11-S también son inevitables (en EE.UU la novela se publicó durante el décimo aniversario del atentado en las torres gemelas). Colson Whitehead habla sobre lo que significa sobrevivir a la tragedia, y lo hace con un juego de palabras -como es lógico pensado en inglés- al utilizar las siglas de PASD (Post-Apocalyptical Stress Disorder) que recuerda a ‘PASADO’ en castellano, y que se pronuncia como la palabra homónima en inglés: ‘PAST’.

–       ¿Qué le sucede? – inquirió Mark Spitz-. ¿Le han mordido?

–       No, es el pasado –oyó que respondía el técnico de comunicaciones. El recluta volvió a gemir.

–       ¿El pasado?

–       El PASD, tío, el PASD. Échame una mano.

Todos estos elementos también hacen de ‘Zona Uno’ una novela que en ocasiones resulta difícil, y que lo sitúan en las antípodas de las clásicas historias de zombis planteadas como lectura ligera. Colson Whitehead tiene ante todo un objetivo, crear una gran obra literaria, y por eso el resultado se aleja de los cánones comerciales vistos en el género. Esto ya se hace evidente con solo hojear el libro. Whitehead huye de los capítulos breves, incluso de los capítulos sin más. El libro se fragmenta en tres únicas partes que conforman una mismo todo. Son 336 páginas prácticamente solo separadas por los propios párrafos y algún salto de línea, aunque pese a todo es fácil distinguir los diferentes episodios que conforman la novela. La trama se sustenta en continuos flashbacks que nos narran cómo ha sido posible la superviviencia de Mark Spitz, pero que abundan en detalles sobre su vida anterior trabajando como redactor de correos ‘spam’ para una marca de café, o incluso su aspiración desde la infancia por vivir en Nueva York.

Con este trasfondo –párrafos largos, conversaciones pausadas, reflexiones constantes- la novela corre el riesgo de volverse demasiado espesa en algunos pasajes, y quizás los lectores más impacientes corren el peligro de ponerse nerviosos en algunos momentos. Sin embargo Whitehead mantiene un buen control del ritmo narrativo y compensa las visitas al interior de su protagonista con otros momentos de máxima adrenalina relatados con auténtica belleza literaria:

Descendieron en rapel desde los helicópteros de combate en los cruces de calles fundamentales, eliminando a un centenar de skels tambaleantes antes de volver a subirse a los cables y alejarse flotando de la zona de ataque, espíritus de la destrucción vestidos de camuflaje. Ametrallaron, soltaron descargas de fusilería y bordaron los tiros en la cabeza, seccionadores de columnas vertebrales y detonadores craneales que lanzaban las cabezas a la acera, estampándolas contra puestos de periódicos, bocas de incendio, jardineras de protección frente a ataques terroristas, e incomprensibles obras de arte pagadas por empresas patrocinadoras y dispuestas en lugares públicos…

Está editado por Planeta con astas duras con sobrecubierta. 336 páginas editadas en papel de calidad que están ya a la venta por 18 euros (ISBN: 978-84-08-00929-0). Se lanzó el día 18 del pasado mes y también se puede conseguir en versión digital.

Agradecer a la editorial que nos haya enviado el libro para que pudiéramos analizarlo.

(el análisis continúa en esta entrada).

5 comentarios el “DOSSIER: ‘ZONA UNO’ de Colson Whitehead (Parte 1)

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Esta entrada fue publicada en 06/10/2012 por en Dossier y etiquetada con , , , , , , , , .

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