El rincón de Koreander

“Ante él tenía una habitación larga y estrecha, que se perdía al fondo en penumbra. En las paredes había estantes que llegaban hasta el techo, abarrotados de libros de todo tipo y tamaño”. La historia interminable, Michael Ende – BLOG DE LITERATURA FANTÁSTICA –

‘El rey trasgo’: un prólogo sensacional

‘LA CIUDADELA Y LA MONTAÑA’ DIBUJA EL ESCENARIO SOBRE EL QUE ALBERTO MORÁN ROA DESPLEGARÁ SU ÉPICA

Hoy vengo a saldar una deuda. La contraje este verano con ‘El rey trasgo’, la increíble novela de Alberto Morán que la editorial Kelonia presentó este verano en el festival Celsius 232. Yo estaba en el público y aplaudí cuando los interlocutores hacían pausas, reí cuando la gente que se sentaba a mi lado se carcajeaba, y asentí con la cabeza cuando me pareció que tenía que hacerlo. Sin embargo, creo que esa fue toda la atención que le presté al acto, aunque diré en mi defensa que llegaba a la charla tras tres horas de cola para conseguir una firma de George Martin, después de haber conducido de Bilbao a Avilés, y con solo cuatro de sueño en el cuerpo. Volví a oír hablar del libro durante los meses siguientes, leí reseñas y pensé: “¡Ah!, ¡pues qué bien!”

portada y marcapáginas

Pero el ‘Rey Trasgo’ es paciente y sus planes son inescrutables. En la Hispacon el libro cayó en mis manos. Llegaba entonces con algo más de entusiasmo y de información por mi parte. Mi interés creció muchísimo cuando pude hablar –aunque fuera brevemente- con su autor. Recuerdo que me dije: “Uy, esto merece la pena” y luego ya se sabe… el libro fue devorado por la pila de lecturas.

De nuevo el ‘Rey Trasgo’ esperaba. (Ahora no puedo evitar imaginarme las solapas del libro sacudiéndose arriba y abajo, riéndose con espasmos y un chillido malicioso). Que la novela ascendiera puestos hasta llegar a la mesita de noche fue gracias a su portada (inquietante creación de Barb Hernández). Llegó a la mesa de trabajo cuando me di cuenta de lo bien escrito que estaba. Finalmente acabó en la mochila con la grabadora, las libretas y los cuadernos cuando la trama me absorbió como un agujero negro (en serio, chicos, cuidado con las últimas cien páginas).

Ya he dicho que tengo una deuda con ‘El rey trasgo’ y es cierto. He tardado demasiado en escribir esta reseña a pesar de que el libro me fascinó, y reconozco con una mano en el pecho que su continuación es una de las que más ansió (al menos con la misma intensidad que la tercera parte de ‘El nombre del viento’ o la sexta de ‘Juego de tronos’). Esto es un piropo, solo a medias. También estoy tremendamente furioso con Alberto Morán Roa porque es un tramposo, y como buen tramposo ha sido más inteligente que yo y se ha regodeado en ello (si el epílogo de dos páginas que se casca el amigo no es un regodeo, ya me diréis). Me ha engañado y lo ha hecho tan bien que solo puedo levantar mi bombín y hacerle una reverencia doblando el espinazo. Como una Scherezade cualquiera, el autor me ha hecho desconfiar de unos y otros para luego sacudirme con una traición orquestada por aquel tipo del fondo, del que ya no me acordaba; ha conseguido que tema a un poder inconmensurable solo para después disolverlo en el aire como la cabeza de un diente de león; me ha enseñado a una criatura deforme e irrisoria que gobierna el mundo por detrás del telón; y me ha mostrado a un joven amante de los libros que esconde en su interior la semilla de un tremendo héroe.Encima lo ha hecho todo en apenas 300 páginas.

rey trasgo

El libro tiene diez capítulos. Los números impares nos habla de la ciudadela y los personajes que la habitan –el protagonista es un soldado llamado Kaelan tan honesto y virtuoso que podríamos comparar (llamadme pesado) con Ned Stark-, y los pares transcurren en la montaña, más concretamente cerca de los picos negros en el reino esidiano. Las historias no llegan a converger, aunque los acontecimientos son paralelos y al final comprobaremos que están movidos por los mismos hilos. La primera trama nos habla de los esfuerzos de tres reinos por controlar y al mismo tiempo defender la ya comentada ciudadela, una tierra flotante que puede trasladarse por el aire y que es al mismo tiempo un gran arma. La otra historia aprovecha a dos personajes en apariencia insignificantes que deciden cuidar a un antiguo nigromante en una pequeña librería, aunque el capítulo sexto está elaborada en su mayor parte por extractos de un diario que nos narrara las andanzas de una pequeña troupe que recorre el interior de dicha montaña buscando una salida. Sé que no digo mucho, pero hay demasiada miga como para profundizar más.

El rey trasgo’ tiene tremendas virtudes y arrastra también algunos defectos, entre los que está ahondar demasiado en algunos tópicos de la fantasía: grifos, wyvernas, pegasos… están a la orden del día. Incluso tenemos un brazo pseudo-robótico –al más puro estilo steampunk- y una orden de magos que combate desde una torre. Sin embargo, señores, ¡qué maravilla es oírle relatar esos tópicos a una voz narrativa como la que maneja Alberto Morán! Hasta el día de hoy pensaba que el autor español que mejor describía las batallas era Javier Negrete. Hoy mi voto estaría dividido. Aquí solo una muestra:

“Un cuerno resonó desde las filas de Thorar y el capitán Yles supo que la batalla había comenzado. Espoleó su caballo hasta unirse a su guardia montada y alzó la voz para dar instrucciones a sus soldados. Los alabarderos apretaron filas y aguardaron a la señal para colocar sus temibles armas en posición, mientras los espadachines formaban un muro de escudos de frente amplio, con el que contendrían al enemigo y lo obligarían a enfrentarse a una línea impenetrable. Los arqueros prepararon sus saetas y los caballeros bajaron sus celadas. La distancia que separaba a ambos bandos se reducía a medida que los thorenses avanzaban hacia su posición: la infantería caminaba a paso vivo y los caballos trotaban a su lado, dando lugar a un suave temblor en el suelo que los arenses notaron desde las plantas de los pies hasta sus propias manos…”

Como la buena escritura es sencilla y precisa. Tan hermosa como un engranaje bien ajustado. Como la buena fantasía es evocadora, pero también lo bastante realista como para que sus personajes nos parezcan de carne y hueso. Pese a todo, Morán se maneja mejor con los combates individuales, siendo uno de los pocos escritores que conozco que logra narrar duelos complejos sin acabar haciendo que nos perdamos.

–       “Me debes una vida esidiana y seis thorenses. La primera puede pagarse pero las demás te costará la tuya.

El caballero apartó el cadáver de Irain con un suave empujón haciendo que este se desplomase boca abajo sobre la tierra. Después sujetó su parco escudo, asió la mano en torno a la jabalina y esperó a su contrincante bajo la lluvia, inmóvil, dejando que las gotas resbalasen por su frente y su rostro. Sus ojos no parpadeaban. Larj de Ithra avanzó por el pasillo de lanzas hasta quedar a dos yardas de su contrincante, colocó el escudo ante él y preparó la maza para el contraataque. El caballero no se hizo de rogar y asestó una poderosa estocada lanzando hacia delante el lado derecho de su cuerpo. En vez de permanecer inmóvil y recibir el impacto directo, el comandante respondió trazando un arco exterior con su escudo, desviando así la jabalina hacia su lado izquierdo. Antes de que su rival tuviese tiempo de reaccionar dejó caer todo el peso de la maza hacia su cabeza, pero el caballero fue rápido y bloqueó el arma con  su escudo, que emitió un sonido diáfano como una nota musical”.

Sinceramente, chapó.

La edición de Kelonia es impecable. Los capítulos son largos y se diferencian cuando transcurren en un escenario u en otro por unos sencillos iconos de Barb Hernández. Ahora bien, dos quejas al libro en este sentido. Por un lado hay demasiado texto (sobre todo en el comentado capítulo seis) escrito en cursiva. No sé si es una manía personal, pero a mí esto se me hace incómodo. Por otro lado, y creo que es la primera vez que me quejo por esto, se hecha en falta un mapa. De verdad, es un detalle al que casi no presto atención en la mayoría de los libros, pero sobre todo al final de la novela sería muy interesante poder situar sobre el plano dónde están colocadas las principales ciudades –confío en contar con algún esbozo en este sentido para la segunda parte-.

Ya me he quejado en el título de que todo el libro es un inmenso prólogo. Me reafirmo, aunque me quejo a medias. La novela tiene muchas batallas, algunas traiciones, sorpresas y giros de la trama, personajes maravillosos y unos diálogos escasos pero casi perfectos. Lo malo es que casi al final nos daremos cuenta que los verdaderos protagonistas todavía no han aparecido (o casi no lo han hecho), y que la auténtica historia está por llegar.

Después de esto no sé qué mas decir. Quizás destacar un poco la estructura de la novela, ya que es su principal acierto y mayor desventaja. Como decíamos, el libro está muy ajustado en su extensión. Son 300 páginas de las que no sobra ni una coma. Más bien en este caso tenemos la sensación de que nos falta texto, aunque solo sea el relleno. Y es que para conseguir introducir todos los episodios que nos quiere relatar su autor hay demasiados saltos temporales que rompen la narración. Esto es frustrante, aunque nada nuevo bajo el sol. El propio Martin lo hace constantemente cambiando de personaje y dejándonos con ganas de más. Aquí los saltos son más bruscos ya que para introducirnos en la política de este mundo Morán tiene que retrotraerse en muchas ocasiones hacia acontecimientos del pasado. La verdad, no es nada complicado seguir el hilo, aunque a veces tenemos la sensación de frustrante ansiedad que deja un corte de publicidad en medio de una buena teleserie… sabes que los anuncios pagan lo que estás viendo, pero te gustaría saltártelos.

También merece la pena hablar del final, aunque creo que ya lo he dicho antes. Qué barbaridad. Qué ganas de leer ya la continuación. Decía que Morán es un tramposo, y me reafirmo. Todo el libro, y dudo que esto sea un spoiler, es un inmenso prólogo a lo que venga después. Para quienes hayan practicado juegos de estrategia como Warhammer, utilizaré esta metáfora: esta primera novela es semejante a cuando los jugadores colocan la escenografía, inventan una excusa para el combate y despliegan sus ejércitos de plástico pintado. Morán hace algo parecido con sus personajes. Nos dibuja el pasado de un mundo fantástico solo para decirnos en las últimas páginas que cojamos aliento, porque lo que está a punto de ocurrir va a ser espectacular. Esperemos que la espera no termine ahogándonos.

Para terminar, solo una cosa más que decir: tengo dos adiciones que me quitan el sueño. Una es el café y la otra son los buenos libros. Os lo aseguro: ‘El rey trasgo’ no os dejará dormir.

EL REY TRASGO, LA CIUDADELA Y LA MONTAÑA

El rey trasgoHan pasado ocho años desde que el imperio de Kara desapareció, convertido en polvo añil por un poder que escapa a toda comprensión.

La Ciudadela, silenciosa guardiana de la paz gobernada por tres naciones, vigila los reinos del hombre navegando los cielos.

En un pueblo del frío norte, dos amigos descubrirán un libro vinculado a un enigma del ayer y a un hombre entre la vida y la muerte.

Nacido de la pluma de un poeta, les descubrirá los secretos que moran en las montañas a través de una historia en la que conservar la vida vale más que conservar la humanidad.

El mundo apura sus últimos latidos…

Y en la cima de los Picos Negros, contemplando el paso del tiempo entre delirantes pensamientos, el Rey Trasgo aguarda el momento de construir sus sueños a partir de sus cenizas.

Alberto Morán Roa

Rústica con solapas, 312 páginas

Editorial Keloniam (ISBN: 978-84-939945-2-5)

14,95 euros

7 comentarios el “‘El rey trasgo’: un prólogo sensacional

  1. pulseradebronce
    18/12/2012

    Tiene muy muy buena pinta. Y las ilustraciones son tremendas. Un “must read”.

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Esta entrada fue publicada en 17/12/2012 por en Crítica y etiquetada con , , , , , , , , .

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