El rincón de Koreander

“Ante él tenía una habitación larga y estrecha, que se perdía al fondo en penumbra. En las paredes había estantes que llegaban hasta el techo, abarrotados de libros de todo tipo y tamaño”. La historia interminable, Michael Ende – BLOG DE LITERATURA FANTÁSTICA –

‘La penúltima danza de los Griwll’, humor y mucho pulp gamberro con sabor extraterrestre

RAMÓN MERINO COLLADO AFILA SU ESTILO CON UNA SIMPÁTICA HISTORIA DE CLICHÉS PREMEDITADOS

“Pero esta historia, bien lo saben ustedes, versa sobre monstruos, trincheras y chicos malos”.

Un consejo: si tienen la suerte de hacerse con la última obra de la colección Espiral de Ciencia Ficción, ‘De monstruos y trincheras’, escrita por Ramón Merino Collado, abran su mente, no sean demasiado prejuiciosos con el estilo literario del autor, y relájense para disfrutar de un escritor dotado de una prodigiosa imaginación. El lector habitual de esta colección corre el riesgo de llevarse un chasco con este libro si no sigue este consejo, básicamente porque la primera de las dos historias que contiene ‘La guerra de los sueños’, no es en absoluto una historia de ciencia ficción. Podríamos hablar, quizás, de fantasía urbana. Pero ahora no quiero hablarles de esta novela corta (o relato largo, según se mire), sino de la segunda parte del libro, la divertida y un poco gamberra ‘La penúltima danza de los Griwll’.

De monstruos y trincheras“Así que es cierto, es posible vencer al miedo. Se puede esgrimir la rabia contra él para anularlo, se lo puede neutralizar al menos durante un par de horas. No necesito más, dos horas serán suficientes para lo que tengo que hacer. Y aquí estoy al fin, en la fortaleza de los temibles griwlls, tratando de dar el mayor golpe de estado de la historia de la humanidad, como miembro de un grupo de insurgentes integrado por soldados venidos a menos, policías alcohólicos, doctores en paro, gemelos taheños, bellezas ninja y hasta un robot. Los alienígenas nos rodean por doquier, aprieto el gatillo al tiempo que el esfínter porque no deseo enlodarles a mis anfitriones la alfombra de excremento sino de sangre. Y estamos muy cerca de conseguirlo, la Reina se halla al alcance de nuestras balas hinchadas de cerveza, pero lo que ninguno sabemos es que el nido de los dictadores encierra también un buen catálogo de secretos.

La penúltima danza del Griwll es una gamberrada literaria, una tragedia desenfadada, una disparatada e irreverente parodia noir que remeda el clásico asalto a la fortaleza inexpugnable y el camino del héroe, al tiempo que satiriza las historias de invasiones alienígenas y el terror de los estados totalitarios”.

Espiral Ciencia Ficción, nº 52: son 328 páginas a un precio de 15 euros.

Son cien páginas de un relato simpático, sin grandes pretensiones, con un estilo más ágil y afilado que el que Ramón Merino Collado despliega en esa primera parte (‘La guerra de los sueños’), y con una de las razas de extraterrestres más crueles sobre las que alguna vez se haya escrito. El autor nos presenta a los Griwll: unos monstruos alienígenas dotados de una superioridad indiscutida y que se han hecho con el gobierno de la tierra tras una brutal guerra. Mientras explotan el planeta, a un ritmo tal que vaticina el final del mundo tal y como lo conocemos para dentro de unas pocas décadas, imponen su mano férrea sobre la humanidad. Y lo hacen con tal crudeza que es frecuente que un estornudo en una biblioteca, o pisar la zona verde de un jardín, se castigue con la muerte.

Elevé la vista y ahora sí, esta vez mis ojos se toparon con la nociva traza de un griwll.

Con la costumbre empezabas a distinguir pequeños matices que los diferenciaban a unos de otros. Algunos tenían ojos esféricos, compuestos, formados por pequeños ocelos con vida propia; a otros les brillaban malignamente con un fulgor rojo, carentes de pupila y rasgados como agujas. Unos pocos habían desarrollado alas y otros apenas un par de élitros. Los complementos variaban de griwll en griwll en función de la raza: aguijones, brazos dobles, púas, garras, labios en navaja, en tijera, trompas chupadoras o mandíbulas dentadas… las posibilidades eran infinitas”.

Descabellado sí, pero también un interesante punto de partida para una historia de rebelión y lucha entre las sombras.

El relato sigue la trayectoria de un antiguo policía, ahora alcoholizado, llamado Car. Un hombre que se somete de forma voluntaria y constante a comparación con los superhéroes de los cómics, con los que quizás comparte algunos rasgos. Vive en Nueva Granada, y tras alcanzar el límite de lo que puede soportar (lo resumiremos así, para evitar spoilers), pasa a formar parte de un equipo dirigido a acabar con los extraterrestres. A partir de aquí todos los elementos pueden sonar a manidos. Es intencionado. Ramón Merino Collado se vale de estereotipos para mantenernos enganchados por espacio de cien páginas paladeando algunos párrafos de acción, sonriendo ante el uso de viejos ‘clichés’ del género, y también en ocasiones –al menos en mi caso–, tropezando con una prosa un poco cargada para lo que hubiera sido recomendable en este relato.

En general estamos ante un cuento bien escrito, pero en el que se nota, quizás en demasiadas ocasiones, que el autor no ha sabido pulir todo lo necesario. Tiene Collado la fea costumbre de rematar ideas, repetir conceptos e hilar metáforas ­–soy consciente de que acabo de hacer lo mismo ;-)– sin demasiada medida. Se nota que es un purista del lenguaje, pero en ocasiones carga en exceso los párrafos hasta el punto de que parece haber una especie de eco en las frases, con una oración repitiendo de otra manera lo dicho por la frase anterior.

Un ejemplo:

“Fue extraño cuando de improviso, como por arte de magia, todo empezó a salirnos de puta madre. Fueron días de tormenta, pero lo que llovían eran oportunidades. Casi llegué a creer que el destino existía, que nos había abrazado la diosa Fortuna, que una justicia poética bien cabrona se había puesto al fin las pilas. Las cosas empezaban a irnos genial. Sobre ruedas, cuesta abajo”.

En un relato que exige agilidad, este tipo de redundancias le hacen sentir al lector que está tratando de esprintar bajo el agua. Es algo que he notado en varios momentos durante la lectura, y que me parecía necesario comentarlo. También es justo comentar que no es un vicio único de este autor: a muchos escritores actuales habría que quitarles el diccionario de sinónimos y golpearles los dedos con una regla cuando hablan de ‘dar un sorbo al caldo de los dioses’ en lugar de utilizar expresiones como ‘pegó un lingotazo’ o simplemente ‘dio un trago’ .

Presentación de la novela por el editor, Juan José Aroz:

Dicho esto, volvamos a la esencia de la historia. ‘La danza de los Griwll’ es en muchos sentidos una historia que parece escrita hace años. Y lo digo completamente como un piropo. Es una de esas historias que no desentonarían en una de esas antologías arrugadas de ciencia ficción que de vez en cuando se encuentran en las ferias de libros usados, y que tienen un sabor propio difícil de hallar en la actualidad. Ahora los autores parecen delimitados por demasiadas normas y convencionalismos. Todos evitan los clichés buscando la originalidad (la cosa más vieja del mundo, ya saben), y al mismo tiempo se atan a otro tipo de estereotipos marcados por las modas. Ramón Merino Collado no hace eso. Se deja llevar por su historia y la hace crecer en el teclado. Utiliza los clichés como una herramienta. Se ríe de ellos y los introduce, intencionadamente, para hacer a los malvados aún más odiosos, y al protagonista todavía más heroico.

El relato de los Griwll nos perfila una sociedad totalitaria donde se deben respetar hasta las normas más superficiales, pero en la que no pasa nada por beber hasta desfallecer, y unos extraterrestres que han prohibido la literatura pero no las armas terrícolas (y al fin y al cabo los alienígenas son inmunes a sus efectos). Es descabellada, y por eso resulta tan atractiva. Es ágil (casi siempre) porque su simplicidad nos introduce en el texto. Es, en definitiva, un chute para adictos al pulp.

Breve fotorreseña:

Al final, no se equivoquen, todos tenemos nuestros vicios. El aficionado al deporte que compra el ‘As’ o el ‘Marca’ (dos diarios deportivos españoles) no lo hace para conocer el partido. Ya ha visto el partido en televisión o lo han escuchado en la radio. Lo que quieren es su chute eufórico. Si el equipo lo ha hecho mal quiere que le defiendan, que les hablen de viejas glorias. Si ha jugado bien quieren un texto épico, como si el encuentro liguero hubiera sido en realidad una lucha entre el bien y el mal. Quieren su dosis, amigos, igual que nosotros. Y Collado está ahí para proporcionárnosla. Es cierto, todavía tiene que mejorar,(¿y quién no?), pero gracias a él, yo, hoy, ya no tengo el mono.

Mañana ya veremos.

Si queréis vuestra dosis, podéis leer un ADELANTO de esta historia.

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