El rincón de Koreander

“Ante él tenía una habitación larga y estrecha, que se perdía al fondo en penumbra. En las paredes había estantes que llegaban hasta el techo, abarrotados de libros de todo tipo y tamaño”. La historia interminable, Michael Ende – BLOG DE LITERATURA FANTÁSTICA –

‘Mañana todavía’ deja alto el listón de las antologías de género

FANTASCY ACIERTA CON SU PRIMERA ANTOLOGÍA 100% DE LA TIERRA CON DOCE FUTUROS DISTÓPICOS COMO DOCE UVAS AMARGAS

Empecemos por lo que hay de malo en ‘Mañana todavía’, la antología de futuros distópicos publicada por Fantascy que viene seleccionada y presentada por Ricardo Ruiz Garzón: el título no me gusta demasiado, porque de alguna manera me sugiere más una ucronía que una distopía. Ya. El resto del volumen me parece muy bueno, por no decir sublime.

Mañana TodavíaNo es que todas las historias sean perfectas. Hay unas cuantas que sobresalen del resto, y dos que no me han dicho demasiado: ‘2084. Después de la Revolución’ que para mí no está a la altura de otros trabajos de su autora, Elia Barceló, y ‘La inteligencia definitiva’ de José María Merino, que a pesar de que no se me hizo largo como había oído comentar, no llegó a resultarme verosímil en ningún momento y en ocasiones me pareció torpemente escrito. En cambio, la novela corta de Javier Negrete que cierra la antología, ‘Los centinelas del tiempo’ me parece extraordinaria, fundamentalmente, por la verosimilitud de lo que cuenta. Vale que es una distopía y todo tiene que estar exagerado, pero es que el suyo es un futuro que sí puedo creerme. De hecho yo diría que ya tenemos un pie dentro. Lástima el final que, sin ser malo, no está a la altura del resto de la historia.

En lugar de hablar un poco de cada relato, permitidme que me suba al debate de qué es y qué no es distopía. No es que sea importante que dé mi opinión para comentar el libro, porque en el fondo es un debate que no le interesa a nadie (o al menos así me lo parece), pero tras pensar en ello sí que debo rectificar y darle parte de razón a ‘La biblioteca de Ilium’ cuando dice que no todas las historias del libro son distopías. Tiene mucha razón, aunque yo no esté del todo de acuerdo con la definición que hace Julián Díez en C de Cyberdark. Soy mucho de cambiar de opinión, lo cual solo puede ser un síntoma de estupidez o de una gran sabiduría (yo no apostaría por la última), y lo cierto es que cuando cogí el libro tenía en mi diccionario mental una definición bastante simple de lo que era una distopía, en la que entraban muchos más títulos que los consabidos ‘Farenheit 451’, ‘Un mundo feliz’ y ‘1984’. Para mí este subgénero abarcaba a cualquier historia ambientada en un futuro que fuera objetivamente, y de una manera global (es decir, no solo para un pequeño grupo de individuos) peor a nuestro presente. Eso, sin embargo, hacía que tuviera que incluir dentro a todas las historias de terror y novelas postapocalípticas, e incluso las de zombies, que para mí sí eran una forma de distopía. Tras leer ‘Mañana todavía’ creo que he afinado más mi concepto de esta etiqueta.

La distopía no debe ser solo una antiutopía, si no que ante todo para que funcione debe ser creíble, y la forma de hacerla creíble es en mi opinión muy similar a la de escribir una buena historia policiaca: el final debe estar anunciado por las pistas sembradas a lo largo del libro. En este caso, para que una distopía sea buena debe presentar un futuro desagradable pero verosímil y que venga anunciado por algunos hechos del presente. No solo eso. También debe presentar un modelo de sociedad (ni mucho menos tiene por qué ser dictatorial) que de alguna manera retorcida funcione, y más aún, que sea un modelo de sociedad que persiga un objetivo noble. Creo que todas las buenas distopías se basan en eso, en crear el terror a partir de la premisa de que ‘el fin justifica los medios’, y que todo es positivo si se consigue erradicar un problema: no importa renunciar a al intimidad si se acaba con el crimen, es correcto mentir a la gente si se eliminan injusticias del pasado, no hay nada de malo en ejecutar a la gente llegada a cierta edad si se garantiza una vida próspera antes de ese momento, etcétera.

Mañana Todavía contraportada

Este último matiz es para mí lo que diferencia una buena de una mala distopía. Hay que creerse al malo de la historia (en el caso de la distopía, el malo es siempre la sociedad), y por eso muchas novelas apodadas distopías juveniles como ‘Los juegos del hambre’ a mí no me terminan de encajar, ya que sus sociedades aceptan una serie de imposiciones intolerables (como dejar que unos menores se ejecuten entre sí y retransmitirlo por televisión) a cambio de nada. No se elimina ninguna injusticia social con ello, ni se repara una situación anterior.

En este sentido, es cierto, ‘Mañana todavía’ no son 12 distopías, pero sí son un buen puñado de ellas. Las más alejadas de esta definición serían probablemente ‘Al garete’ de Emilio Bueso, a pesar de todo una historia formidable con algunas imágenes terroríficas francamente poderosas y una ambientación que recuerda a la película ‘Waterworld’; ‘El error’ de Rosa Montero, que a pesar de repetir una historia contada ya cien veces dentro del género se lee francamente bien; ‘Limpieza de sangre’, que como todo lo de Aguilera es muy entretenido de leer y que aunque no destaca sobre el resto de las historias sí puede estar entre las más entretenidas; ‘Camp Century’ de Marc Pastor, que es no deja de ser una continuación a ‘Los ladrones de cuerpos’ de Jack Finney francamente interesante aunque con un final, perdonad que me tire el pegote, que se ve venir desde lejos; y ‘En el ático’ de Rodolfo Martínez, que si ya habéis leído antes a este autor sabéis lo que os vais a encontrar (una historia sin demasiados alardes y con personajes tirando a planos que funciona a pesar de sus cierres habitualmente clásicos) y que por algún motivo yo clasificaría mucho más dentro del cyberpunk (quizás por lo de las pirámides, no lo sé).

Índice Mañana Todavía

El resto de historias, en mi opinión, sí tienen un encaje dentro de la definición de distopía, aunque con distintos grados. Quizás las que más se ajustan a este modelo sean ‘Weekids’ de Laura Gallego, sorprendentemente bueno y un gran inicio de antología; ‘2084. Después de la revolución’, de la que ya he dicho que no me hizo tilín; ‘Gracia’ de Susana Vallejo, una historia especialmente interesante por lo que no cuenta, como uno de esos dibujos difuminados hechos a carboncillos que parecen pintar más las sombras que los objetos que retratan en sí, y con un final tan escalofriante que todavía tengo los pelos de la nuca erizados; ‘Instrucciones para cambiar el mundo’, de Felix J. Palma, que es quizás la historia más original y una de las mejor escritas de todo el libro. Yo no diría que es mi favorita y no comparto del todo el entusiasmo de otros blogueros con este relato, que en algunos momentos me pareció un poco perdido de rumbo, pero Palma demuestra que puede sacarle el lado divertido a la más amarga de las posibilidades, y maneja tanto el absurdo como el surrealismo de una forma magistral. En este caso se cumple para mí la definición de distopía más que por el mundo que nos presenta, por la forma en la que el personaje se enfrenta a él, muy en la línea de algunos clásicos del subgénero; ‘Colapso’ de Juan Jacinto Muñoz Rengel, magnífico relato que aunque es la que más recurre a la tecnología para diseñar su futuro, acierta al centrarse en el punto de vista de sus personajes y abordar la historia desde su propia comprensión del mundo; y la ya citada ‘Los centinelas del tiempo’, que además de contener un buen puñado de guiños a los fans del género fantástico, consigue lo que debe tener toda buena antología: que apretemos los puños durante toda su lectura. Como en los mejores momentos de ‘1984’, el lector deseará golpear con todas sus fuerzas a la antagonista de este libro, aunque claro, ese tipo de pensamientos negativos y opresores, que cosifican a las personas y perpetúan un modelo de pensamiento patriarcal y socialmente injusto deben ser erradicados. Mis disculpas a todos los miembros y miembras de este gran fandom nuestro.

 

Mañana todavía lomoUn último apunte antes de cerrar este pequeña reseña, una mención especial a Ricard Ruiz Garzón que consigue una de las selecciones más acertadas que hemos visto dentro del género en los últimos años. Casi se puede decir que hay un poco de todo en la antología, y al mismo tiempo consigue mantener una cierta coherencia entre los relatos que solo se aprecia del todo cuando uno termina el libro. Un muy duro rival, de cara a los premios, para las colecciones que nos propone ‘Terra Nova’.

De paso, como es habitual, nuestro agradecimiento a la editorial por hacernos llegar un ejemplar de este ‘Mañana todavía’.

Un comentario el “‘Mañana todavía’ deja alto el listón de las antologías de género

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Esta entrada fue publicada en 25/06/2014 por en Opinión, Reseña y etiquetada con , , , , , , , , , , .

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