El rincón de Koreander

“Ante él tenía una habitación larga y estrecha, que se perdía al fondo en penumbra. En las paredes había estantes que llegaban hasta el techo, abarrotados de libros de todo tipo y tamaño”. La historia interminable, Michael Ende – BLOG DE LITERATURA FANTÁSTICA –

El genio de las pocas palabras

GIGAMESH REEDITA LA PRIMERA ANTOLOGÍA DE CUENTOS DE FREDRIC BROWN, ‘VEN Y ENLOQUECE Y OTROS CUENTOS DE MARCIANOS’

Fredric Brown

Si la literatura de Ciencia Ficción, Fantasía y Terror fuese una carrera, Fredric Brown sería una asignatura troncal de primero. Nacido en Cincinnati, Ohio, en 1906, y pegado a un cigarro o a una máquina de escribir a tenor de las fotografías que se conservan de él, Brown tuvo el impacto de un meteorito tanto en los géneros fantásticos como en los círculos de novela negra de los años 50. Publicó su primera obra en 1941, ‘La trampa fabulosa’, con la que ganó nada menos que el premio Edgar, y después agitó las mentes de los lectores de Ciencia Ficción con una de sus novelas más absurdas y geniales: ‘Universo de locos’. Además de pieza esencial de la ciencia ficción humorística, precisamente este último trabajo junto con la aclamada ‘Marciano vete a casa’ supone su mejor obra larga dentro del género, ya que donde verdaderamente destaca es en los puñados de relatos breves e hiperbreves que diseminó por las revistas de la época.

Desde hace unos años los lectores en castellano podemos leer todas estas historias sin sucumbir a la locura a la que tanto partido sacó Brown en sus relatos. En solo dos volúmenes –‘Ven y enloquece y otros cuentos de marcianos’ y ‘Luna de miel en el infierno y otros cuentos de marcianos’– Gigamesh ha recopilado las 112 historias de su bibliografía que se pueden interpretar como de terror, ciencia ficción o fantasía. Lo ha hecho ampliando incluso la recopilación original de historias de Brown, ‘From the Ashes’, con relatos publicadas en antologías de ambientación policiaca pero que contienen elementos fantástico y de terror o cuyo tono se ajusta a sus convenciones, como ocurre por ejemplo con el ingenioso ‘No mires atrás’ que cierre el primer tomo. Si bien este ‘Ven y enloquece y otros cuentos de marcianos’ apareció originalmente en castellano por el año 2005, ahora la editorial de la gran G acaba de lanzar una segunda edición. Y la oportunidad era demasiado buena como para dejarla escapar.

Ven y enloquece

El primer volumen contiene 451 páginas (más apéndices) y un total de 27 relatos, mientras que el segundo aglutina 85 historias en 495 páginas, ya que recoge sus obras más breves –algunas de tan solo media página como la estupenda ‘Fin’. Aunque en lo personal me quedo con las historias hiperbreves de Brown (muchas todavía se cuentan como si fueran chistes en las tertulias de literatura, como ocurre con la apoteósica ‘Respuesta’), el que nos ocupa es el primer libro en el que mayoritariamente los relatos se ajustan a una extensión más convencional, de en torno a las 20 páginas.

Astounding 1944El primer tomo tiene algunas de sus historias más logradas como la estupendísima ‘Arena’ publicado originalmente en la revista Astounding de 1944 y que probablemente está en el germen de cientos de historias similares escritas con posterioridad (desde un episodio con el mismo título de la serie ‘Star Trek’ original hasta una adaptaciones al cómic de la propia historia). El relato, que funciona como historia de suspense y de ciencia ficción, enfrenta a un hombre y un alienígena en una lucha arbitrada por una raza superior, a la manera de antiguos campeones medievales. Quien gana el enfrentamiento salvará a su especie. La raza del otro será completamente aniquilada, a fin de prevenir un enfrentamiento que hubiera dejado a ambas especies al borde de la extinción. No tienen armas y una especie de campo de fuerza les separa, por lo que la única forma de vencer de la que disponen radica en su ingenio. Tan simple y tan maravilloso como eso.

Y quien habla de ‘Arena’ debe hacerlo también de ‘Llamada’, una historia que parece también un ejercicio literario. Brown coge un conocido microcuento de terror para transformarlo en apenas diez páginas en una llamativa historia de amor: “El último hombre sobre la tierra estaba sentado solo en una habitación. Llamaron a la puerta”. Y por supuesto, mencionemos también ‘Paradoja perdida’, una historia entretenidísima que parece una oda a la procastinación y que además condensa todos los elementos propios de la obra de este autor: absurdos ilógicos, humor, personajes que dudan de su propia cordura y, por supuesto, el giro final, la golosina que el lector espera en todo cuento de Brown y que a menudo funciona como un clavo para garantizar que el relato perdure durante tanto tiempo en nuestro cerebro.

Lo cierto es que, con todos estos elementos, Brown actúa como una fantástica puerta de entrada a la literatura fantástica y probablemente por eso sea uno de los autores iniciáticos más habituales de la ciencia ficción. Todo sea dicho, cuando las historias de Brown no contienen absolutamente nada de ciencia (de hecho, frente a la ciencia ficción hard, la obra de Brown no debería de catalogarse de light, si no directamente de Zero, como la Coca Cola sin azucar).

Luna de miel en el infierno

Es cierto que Bronwn adolece de algunos problemas de estilo. No solo todos sus personajes hablan exactamente igual, si no que todas las historias parecen tener el mismo tono. Sin embargo, a medida que uno se adentra en sus relatos, empieza a considerar este particular no como un defecto, si no como una virtud. Hay un esfuerzo evidente por parte del autor en apartarse a un lado y dejar que sea su historia la que hable. Solo la idea que sirve de germen y la trama que esta conforma. Eso ha hecho que algunos de sus cuentos –cabría destacar las pesadillas en verde, azul, rojo, amarillo… del segundo volumen– sean contados hoy en día como verdaderas leyendas urbanas. Uno no recuerda como le contaron la historia, o si el narrador sabía jugar bien con el ritmo. Lo que queda en el cerebro, en lo que todavía pensamos con la luz apagada, es en el loco lamiendo la mano de la mujer ciega, en el hombre del gancho que golpea el coche y en la chica del asiento de atrás señalando una curva.

El otro gran talento de Fredric Brown, una vez que se aceptan las reglas del juego, como la de que lo absurdo también es válido, es que no hay historia mala. Hay relatos mejores y peores, pero incluso los más flojos de la antología parecen esconder el germen de una idea mucho mayor. Como si a Brown le diera perece escribir (algo que de hecho han confirmado quienes le conocían) o hubiera una terrible escasez de papel en el mundo, y quisiera relatarnos sus grandísimas ocurrencias en el mínimo espacio posible. Esto, por supuesto, es más obvio en el segundo volumen, ‘Luna de miel en el infierno y otros cuentos de marcianos’, por lo que comentábamos antes de los relatos hiperbreves. Pero incluso en sus historias más largas como ‘El gusano angelical’, con uno de los finales más retorcidos y divertidos que yo recuerdo, da la sensación de que las ocurrencias se le agolpaban a Brown en las teclas de su máquina de escribir, y que pugnaban por salir todas a la vez atascándose en un nudo de varillas metálicas.

Una imagen del relato 'Arena' contenido en este 'Ven y enloquece...'

Una imagen del relato ‘Arena‘ contenido en este ‘Ven y enloquece…

El hecho de que Brown renegara del estilo literario, al menos aparentemente, se tradujo también en que fuera –como dice la web literareafantastica– un autor “multimedia” que cultivó tanto las novelas como los cuentos y los guiones pare cine y televisión. En su biografía destaca el trabajo que realizó en una imprenta y que aparece reflejado en muchos de los primeros cuentos de este ‘Ven y enloquece’, como en el simpático ‘Etaoin Shrdlu’ que a los lectores más veteranos de King quizás les recuerde al cuento de la lavandería. Al igual que dice Jorge Oscar Rossi en la web antes citada, hay mucho de biográfico en sus personajes, no solo por la profesión que ejercen, a menudo son escritores, si no también por sus hábitos de grandes bebedores, jugadores, y hasta mujeriegos.

Leer a Brown también es adentrarse un poco en la nostalgia del mundo Pulp, donde la lógica y los hechos científicos debían dejarse a un lado para favorecer la historia, pero también donde una especie de justicia poética terminaba poniendo a todos los personajes en su sitio. En este sentido, también hay algún pequeño guiño al terror descafeinado que se destilaba en aquel entonces con cuentos como ‘La broma’, en el que una máscara le juega una mala pasada a los personajes, o el ya citado ‘No mires atrás‘ que cierra el volumen y que juega con el lector. Es curioso, porque esa petición que nos hace Brown poco antes de cerrar la antología bien podría resumir toda la experiencia lectora del volumen. Nadie puede mirar atrás mientras disfruta de Brown. Es imposible apartar la vista de la página.

 

  • Mi agradecimiento a la editorial por hacerme llegar un ejemplar de la novela para poder escribir la reseña.

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