El rincón de Koreander

“Ante él tenía una habitación larga y estrecha, que se perdía al fondo en penumbra. En las paredes había estantes que llegaban hasta el techo, abarrotados de libros de todo tipo y tamaño”. La historia interminable, Michael Ende – BLOG DE LITERATURA FANTÁSTICA –

Una visita angustiosa a ‘La Casa de la Muerte’

SARAH PINBOROUGH NOS LLEVA A LA ÚLTIMA MORADA PARA ADOLESCENTES ‘DEFECTUOSOS’, EN UNA NOVELA QUE SE MUEVE ENTRE LA DISTOPÍA Y EL TERROR

La casa de la muerteSí, se puede crear una novela de fantasía con personajes juveniles y obtener un libro maduro, profundo y rico. Incluso aunque la relación amorosa entre dos de esos personajes sea una parte importante del mismo. ‘La casa de la muerte‘, la novela de Sarah Pinborough que Alianza Editorial publicó ayer (17 de septiembre de 2015) en España es un ejemplo perfecto. La trama podría recordarnos a una distopía juvenil convencional: un grupo de jóvenes procedentes de diferentes rincones de Inglaterra son aislados en una extraña vivienda, y puestos bajo la supervisión de un grupo de adultos, después de dar positivo en un control de sangre realizado en sus escuelas. La autora no nos ofrece mucha más información al comenzar el libro, salvo que todos son menores de edad y que son portadores de una enfermedad terrible. Se llaman a sí mismos Defectuosos y son conscientes de que estarán encerrados hasta que comiencen a mostrar síntomas de esa enfermedad. Después desaparecerán para siempre.

Es un argumento duro. Vale que en las distopías juveniles la muerte de menores de edad es casi una parte obligada de la trama, pero en esta ocasión se trata de algo mucho más cruel. No estamos ante muertes violentas o inesperadas, si no ante una enfermedad terrible para la que no hay cura. Nadie tiene la culpa de lo que les ocurre –salvo excepciones, los adultos son vistos por los protagonistas más con indiferencia que como una fuerza de oposición–, pero igualmente están condenados. Quizás lo que hace más terrorífico a este libro sea la espera. Todos saben que caerán antes o después, y cada uno afronta la llegada de ese momento de una manera distinta, ya sea mostrándose más taciturnos, disfrutando cada momento que les queda, volviéndose profundamente religiosos, o simplemente creando alianzas y grupos de poder dentro de ese extraño lugar en el que viven: la ‘Casa de la muerte‘.

La clave, en todo caso, es la voz narradora. Pertenece al protagonista, Toby, uno de los chicos mayores (anda por los 16 años) que se ha erigido en jefe del Dormitorio 4. Allí también viven Will, un muchacho alegre, Louis, un pequeño genio, y Ashley, un devoto religioso. Como la mayoría de los habitantes de la casa de la muerte, Toby no consigue superar el terror a enfermar en cualquier momento y ser llevado por la noche al sanatorio. ¿Por qué? Porque saben que de allí ya nunca vuelve nadie. La obsesión de Toby es hacer que el tiempo dure todo lo posible, y cuenta con un pequeño secreto. Por las noches, mientras el resto duerme, él vaga por la casa tratando de robarle horas al resto de su vida.

 

La Casa de la Muerte Contraportada

Toby es un adolescente y sus preocupaciones son las de los adolescentes: encajar en el grupo, defender a los chicos del Dormitorio 4 frente a los grandullones de otras habitaciones –existe una cierta rivalidad entre los dormitorios por ver quién aguanta más sin que desaparezca ninguno de sus muchachos–, el recuerdo de una chica de instituto con la que estuvo a punto de iniciar una relación, el temor a no volver a ver a su familia… Pero debido a su situación es también alguien taciturno obsesionado con el miedo a desaparecer, y éste es el verdadero leit motiv de la novela. La autora no usa la muerte como una herramienta argumental, si no como telón de fondo del libro. Esto es también lo que hace que el final (tranquilos, nada de spoilers) sea tan maravilloso. Toby no quiere morir. Obvio. Quiere hacer todas las cosas de adultos que nunca podrá hacer, y la autora consigue transmitirnos la suficiente empatía con el personaje como para que nos sintamos parte de su destino. Quizás porque le aterra la nada, un miedo en el que es fácil identificarse, o quizás porque vive en un lugar en el que todos parecen haber suspendido sus vidas simplemente a la espera de que dicha nada llegue: como el Nunca Jamás de Peter Pan, pero al revés.

Así están las cosas cuando llegan nuevos internos a la casa de la muerte, y con ellos Clara, la adolescente que pronto pasará a ser una parte importante en la vida de Toby. Como ya he dicho, la relación entre ambos es una pieza clave de la historia, y el libro no lo oculta en ningún momento. Los personajes son adolescentes viviendo su primer amor, pero insisto, funciona. Este es uno de los puntos donde suelen fallar las distopías juveniles, quizás porque demasiado a menudo caen en enamoramientos tontos o superficiales, donde los personajes pierden su individualidad y se obsesionan por detalles de escasa importancia para la trama como su aspecto o su estatus. Aquí es donde normalmente el lector comienza a retorcerse en su sillón, a enfurecerse por cómo se boicotea el libro a sí mismo, y como se cae en estúpidos triángulos amorosos.

Pero Sarah Pinborough no cae en los errores comunes, y consigue construir una relación creíble e interesante entre ambos personajes azuzados por el espectro de una muerte muy real, con la que por otro lado están obligados a convivir. Son ellos contra el mundo, pero sobre todo son ellos contra el terror que guardan en su propio interior y del que no es posible escapar. Son dos adolescentes en su primer amor, y se comportan como tal, azuzados por una inmensa fuerza de inseguridades envuelta en una lívido atroz. Con todo, la voz de Toby que nos narra toda la historia consigue dotar de credibilidad al conjunto, de manera que la relación se vuelve algo verdaderamente importante para la trama y para comprender la transformación del protagonista.

Entonces, ‘La casa de la muerte‘ no es una distopía juvenil, vale, pero ¿qué es? No es ciencia ficción, aunque la trama transcurre en un futuro aparentemente no muy alejado en el que la humanidad ha conseguido superar una terrible epidemia. Tampoco es fantasía, aunque hay elementos que cuando aparecen casi parecen mágicos por la forma en que están tratados –la aurora boreal–, y los personajes recurren a la fantasía para afrontar su destino: uno de los menores se ‘obsesiona’ con los libros de ‘Narnia’ –también se menciona con cierta insistencia la novela de Golding ‘El Señor de las moscas‘– y el protagonista y Clara inventan un mundo sumergido de sirenas en el que se apoyan, si bien no creen. Probablemente el terror sea el ingrediente fundamental del libro, porque la muerte es el tema clave en esta novela. Sin embargo tampoco es justo clasificarlo como una novela de miedo, ya que hay un esfuerzo evidente por parte de la autora de tratar de buscar esperanza y vida incluso en los lugares más desprovistos de ella.

Quizás lo mejor sea no tratar de clasificar y disfrutar con su lectura. Son solo 241 páginas que no os durarán más de dos o tres atacadas. Vale que no son el colmo de la originalidad y que algunos momentos resultan un poco predecibles. Incluso es necesario advertir que cada ciertos capítulos la tipografía se torna en cursiva para narrar un fragmento de la vida de Toby antes de ingresar en la casa, lo que si bien aporta un poco de trasfondo y contribuye a crear la atmósfera del libro, tiene un cierto tufillo a relleno. Por otro lado Pinborough nos cuentan una historia interesante, profunda y rica en todos los aspectos. Y lo mejor de todo, lo hacen con una honestidad que no es nada habitual. Vale que no hay que hacer caso de las citas promocionales, pero Neil Gaiman resume francamente bien mis impresiones de este libro en su frase de la solapa: “Una historia maravillosa, contada honestamente“, dice el autor de ‘American Gods‘. Yo incluso le daría la vuelta: “Una historia honesta, contada maravillosamente”. Porque la clave está en esos dos elementos: la franqueza de la autora y de los personajes que utiliza, y la maravilla que se esconde incluso en los lugares más horribles. Pese a su terrible título, ‘La Casa de la Muerte‘ es un libro que consigue llegar, y solo por eso ya vale la pena.

Nota: 8,5 sobre 10.

Pros: Una historia “contada con honestidad”. Pinborough consigue crear un narrador adolescente interesante y profundo. La autora demuestra tener un talento especial para encontrar belleza en lugares terribles. Un gran final.

Contras: En ocasiones demasiado predecible. No le saca todo el partido que sería deseable a la enfermedad. Los flashbacks sobre el pasado del protagonista apenas aportan nada, y aunque son breves, tienen algo de relleno.

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Esta entrada fue publicada en 18/09/2015 por en Noticias y etiquetada con , , , , , , , , , , , , , , , , .

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