El rincón de Koreander

“Ante él tenía una habitación larga y estrecha, que se perdía al fondo en penumbra. En las paredes había estantes que llegaban hasta el techo, abarrotados de libros de todo tipo y tamaño”. La historia interminable, Michael Ende – BLOG DE LITERATURA FANTÁSTICA –

‘La polilla en la casa del humo’, alta literatura revolcándose en las profundidades

LA NOVELA DE GUILLEM LÓPEZ SE SUSTENTA EN UN PROTAGONISTA ANTIPÁTICO, UN NARRADOR MENTIROSO Y UNA AMBIENTACIÓN OPRESIVA

La polilla en la casa del humo‘, publicado el pasado mes de abril por Aristas Martínez, ha sido mi primera acercamiento a Guillem López, y sin duda no será el último. ‘Challenger‘, al parecer algún tipo de fix-up coral formado a través de 73 historias breves hilvanadas en torno a  la tragedia del transbordador espacial, cosechó muy buenas críticas. Después de medio centenar de votaciones en Goodreads la novela tiene una media de 4,5 estrellas. Con todo, para su nuevo libro Guillem ha cambiado completamente de registro. Ahora nos brinda una historia breve (170 páginas), ominosa y con un único punto de vista que lo contamina todo (para bien).

Polilla casa humo“Bienvenidos al pozo, una caverna insondable con mil galerías y túneles, fortalezas pétreas cerca de la superficie y barrios profundos de nichos cavados en la roca. Este es el escenario, brutal y despiadado, en el que habita Veintiuno, un joven que pasa las horas envuelto en una nube de bok en la casa del humo, desde donde interpreta sus posibles destinos: entregar su cuerpo al dios de la mecánica y ser útil en una excavación sin fin, convertirse en un paria o, finalmente, ascender a través de los bajos fondos, pero deberá pagar un alto precio por medrar”.

Ante todo esta novela es la historia de Veintiuno, el protagonista y narrador del libro. Y cuando digo que es su historia, lo hago en más de un sentido. ‘La polilla en la casa del humo‘ le da una nueva vuelta de tuerca al concepto de Narrador Poco Fiable, ya que Veintiuno se las da de sincero con el lector, pese a que le vemos mentir una y otra vez al resto de personajes. A veces lo hace siguiendo un plan, y en otras casi de manera patológica. Él nos cuenta un relato del que es el héroe y el villano al mismo tiempo, y sin embargo nos pide que lo creamos a pies juntillas. Incluso el final, un tanto abrupto y con cambio de voz incluido, puede ser interpretado como otro de sus artificios. Otra mentira que nos desafía a creernos.

Pero no nos adelantemos. Quizás lo primero sea hablar del Pozo, el lugar y el tiempo en el que discurre la historia. ‘La polilla en la casa del humo‘ es una distopía extrema, con tintes de terror y una ambientación dibujada con apenas unas pinceladas, pero que al mismo tiempo da la sensación de ser muy completa. Los personajes viven en una ciudad subterránea, una suerte de mina en la que siempre se están excavando nuevas galerías hacia las profundidades, y donde la miseria y la muerte campan a sus anchas. Como en una alegoría del capitalismo, los seres humanos rinden pleitesía al dios de la mecánica, de manera que al hacerse adultos van entregando partes de sus cuerpos en sacrificio, mientras sus órganos y extremidades son sustituidos por engendros metálicos compuesto de válvulas, pistones, motores de combustión y engranajes de metal oxidado.

En la charla de presentación que se celebró en la librería Gigamesh alguien describió el libro como una especie de ‘Guardían entre el centeno‘ escrito por China Miéville, y aunque pienso que ninguno de los dos referentes llega a ser exacto, sí que puede servir para hacernos una idea básica del libro. Veintiuno no es para nada como Holden Caulfield, por más que el principio de la obra sugiera alguna forma de imitación, e incluso en varios aspectos compartan estructura. No cuesta demasiado ver los paralelismos entre ambos. Aún así, Veintinuo no nos va a despertar esa complicidad, ni nos vamos a ver identificados como lo hacíamos con la figura creada por Salinger. No nos caerá simpáticos y nos será muy difícil desear que todo le vaya bien. Como mucho, en algún momento podemos compadecerle, y hasta eso es discutible.

Pese a todo lo anterior, o precisamente por todo ello, Veintuno es un gran personaje. Decía el autor que escribir esta novela fue duro porque le costó dar con la voz del narrador. Explicaba en la charla (difundida por Gigamesh en You Tube) que necesitó realizar muchas pruebas, y que una vez la encontró esta eclipsó todo el trabajo de construcción del mundo que había llevado a cabo hasta ese momento. Pienso que eso refleja mucha honestidad en su forma de trabajar, y que esa autenticidad a la hora de escribir de Guillem López está presente en todo el libro. Hay un tratamiento muy orgánico de los personajes y de la ambientación. El autor da paso a la narración cuando es necesario hacerlo, abre el monólogo interior cuando procede, aporta información del mundo para hacerlo comprensible desde el primer momento, e incluso los artificios que introduce –algunos neologismos y expresiones como un padre y una hermana, o mecatactos fluyen con naturalidad en el texto.

Para ser justos, la voz es la gran virtud de la novela, a falta de otros grandes logros. Veintiuno es un personaje perfectamente construido, pero al ser el narrador y tener una personalidad tan egocéntrica, es casi el único del libro. Ni Ancas, ni Ñam, ni Pocho, ni Lazo, ni Ela, ni nunguno de los secundarios son algo más que unas sombras, o unas siluetas borrosas en este teatro de sombras. Un padre representa una figura autoritaria cuya presencia imponente se ve ampliada por los implantes mecánicos, pero salvo una descripción física no se nos desvela nada de su carácter. Ancas es la hermana pequeña que debe ser protegida, y también la enamoradiza con sueños de libertad. Ñam  solo es un cabeza de turco del que compadecernos, porque así nos lo quiere describir el protagonista, y Ela es un misterio que no se esfuerza en revelarnos. Detalles, pinceladas, rostros sin facciones.

Y quizás nada de esto sea malo. Esta falta de profundidad también se puede considerar una virtud. Es sencillez, no simpleza. La misma sencillez que esconde la trama. Y es que la historia que se cuenta en ‘La polilla en la casa del humo‘ es tan básica como pueda serlo la sinopsis de ‘El guardián entre el centeno‘, por mantener la comparación. Incluso aquí tenemos un cierto giro final que nos abre los ojos, y que enfrenta a la realidad con las historias que crea su protagonista. ¿Y por qué? Quizás porque de eso vaya en el fondo toda esta historia: de las mentiras que nos contamos a nosotros, de las que contamos a los demás y de la realidad que se oculta detrás de todas ellas.

“(…) No es así como funcionan las cosas. Nada existe hasta que lo imaginamos. Abres la boca y dices: han muerto, todas muertas; de las formas más horribles; torturadas, hechas trizas; suplicaban cuando las arrojaron a los perros hambrientos; sin piedad, las violaron por todos sus agujeros y las dejaron morir de hambre y sed; desangradas al fondo de una sima oscura. Dices eso y lo imaginas y entonces se vuelve real, aparece como por obra de magia en tu cabeza y puedes verlo; las palabras se hacen sonidos y después gusto, tacto y olfato; porque ahí está la sangre viscosa y los gritos y la peste a sudor y a mierda, a dolor, a saliva rancia. Así que tenía todas aquellas imágenes, sonidos, sabores y olores en mi cabeza y no sabía si había ocurrido realmente, pero me estaba matando (…)”

Y si por algo destaca ‘La polilla en la casa del humo‘ es por su capacidad para tratar grandes temas. Porque aunque esta sea una historia de “los bajos fondos”, “de drogatas y marginados” como dice en sus primeros compases, es también el mito de la caverna de Platón, y es ‘Un mundo feliz‘ de Aldous Huxley, y es ‘El guardián entre el centeno‘. Es un libro que se recrea en la suciedad para extraer belleza. Un libro capaz de transformar un ‘paraguas’ en un tesoro para quienes viven bajo tierra, y de hacer que las polillas parezcan mariposas. Es literatura en bruto. Pura, sin refinar. Como un pedrusco arrancado de las profundidades no con pico y cincel, sino a base de barrena y dinamita.

Nota: 8,5 sobre 10.

Pros: Un protagonista y narrador sobresaliente. Una ambientación engañosamente simple, alegórica y terrorífica. Una voz poderosa.

Contras: Un final abrupto y demasiados secundarios sin personalidad.

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Esta entrada fue publicada en 20/06/2016 por en Reseña y etiquetada con , , .

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